¿Caminamos hacia una #transiciónjusta?

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Un ciudadano medio en la Unión Europea consume tres veces más recursos que un habitante de Asia y cuatro veces más que el promedio de un africano. Los habitantes de países industrializados consumen hasta 10 veces más que los de países en vías de desarrollo. Este desequilibrio es un abuso que corremos el riesgo de perpetuar en la transición ecológica del modelo productivo que nos aguarda en las próximas décadas.

Consumimos recursos por encima de nuestras posibilidades y esto solo se sostiene porque unos ciudadanos “privilegiados” consumen abusivamente parte de los recursos, que en un reparto proporcional y equitativo, les corresponden a otros ciudadanos “no tan privilegiados”, según los datos del informe “¿Consumimos demasiado? Cómo utilizamos los recursos naturales del planeta” elaborado por la red internacional más grande de asociaciones ecologistas, Friends of the Earth Europe.

Asimismo, la presencia en la atmósfera de CO2 sigue batiendo récords año tras año. Es un hecho que la temperatura global se incrementa por la contaminación generada con la actividad humana, modificando el entorno natural y trayendo consigo graves consecuencias socioeconómicas: deshielo de los polos, aumento del nivel del mar, desertificación de tierras, inundaciones, hambrunas, refugiados climáticos, guerras climáticas, etc.

En este 2020, cuando finaliza la vigencia del Protocolo de Kioto, arranca la aplicabilidad del Acuerdo de París, un tratado internacional dentro del marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) que establece medidas para la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El principal objetivo de los 195 Estados firmantes del Acuerdo es mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de 2°C sobre los niveles preindustriales. Si quieren lograrlo deben empezar a transformar de raíz y sin demora los modelos productivos actuales basados en los combustibles fósiles; la producción masiva de plásticos; la explotación intensiva de mares, campos y bosques; etc.

Con este escenario, resulta sencillo exigir a cada uno de los países el mismo compromiso en el cumplimiento de los acuerdos internacionales, así como, similares esfuerzos en la reducción de emisiones de gases contaminantes y en el consumo de recursos naturales. Sin embargo, es justo recordar que no todas las comunidades contribuyeron en igual modo a la contaminación que nos ha llevado a este punto de emergencia climática.

Romper la tendencia

En nuestro planeta coexisten Estados insulares o con extensa costa que literalmente se juegan su supervivencia (Vanuatu, islas Maldivas, Kiribati, entre otros), con los más grandes países en desarrollo (China, India, Brasil y Arabia Saudita) con un ritmo de contaminación que en 2050 los equiparará el nivel de emisiones de los países industrializados (Estados Unidos de América, Inglaterra, Alemania, España, etc.). Es la periferia del mundo industrializado la que acoge las comunidades más vulnerables a los cambios climáticos. Una gran injusticia, ya que su contribución al recalentamiento de la atmósfera es mínima, frente a la masiva responsabilidad de los países de industrialización temprana.

Los grandes Estados emisores están en deuda ecológica, y deben apoyo como pago por las graves consecuencias ecológicas de su salvaje proceso de industrialización. Ayuda tecnológica, en investigación, económica, de  transferencia de conocimientos, etc. para que todas las regiones puedan desarrollar una vía energética verde de evolución económica.

Si bien es cierto que el cambio climático representa una terrible amenaza para millones de seres humanos, también es una oportunidad de mejora. Todo momento de cambio representa una oportunidad. Construir un modelo más justo para todas las personas y respetuoso con el planeta está, hoy día, en nuestras manos. ¡Aprovechémoslo!

Tal y como dijo Teresa Ribera, ministra de España para la Transición Ecológica, en el COP 25: “la transición ecológica es una trasformación social y económica que debe facilitar oportunidades para todo el mundo”.

Estas oportunidades deberían priorizar a los países mas injustamente afectados por los actos de otros. Evitando que, de nuevo, sean las economías más potentes las que saquen beneficio exclusivo en detrimento de las demás. Evitar que se queden con todas las oportunidades y monopolicen los beneficios, comerciando con los nuevos productos y servicios de esta nueva Era Ecológica.

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