El futuro es por aquí

¿Y si las reglas fueran diferentes? Con esta pregunta la escritora estadounidense Siri Hustvedt coronó su brillante discurso al recoger el Premio Princesa de Asturias de las Letras 2019.

Esta duda, “y si…”, es la que da la posibilidad de cambio, la opción de un futuro distinto. Solo imaginando ese cambio se pueden dar las circunstancias para que suceda. Resulta muy difícil ocupar un lugar que no has imaginado antes.

Imaginar a las MUJERES en un lugar diferente es parte del proceso hacia el cambio real en el mundo real. Un espacio donde tengan la capacidad efectiva de transformar las realidades, de abolir las jerarquías entre hombres-mujeres y entre ricos-pobres, que producen las desigualdades que dejan expuestos a millones de seres humanos a grandes vulnerabilidades.

Transformar el funcionamiento de nuestras sociedades en un sistema #SOStenible con los recursos del planeta e #INclusivo con los habitantes de este mundo no se puede conseguir dejando al margen a  la mitad de la población.

Resiliencia femenina para sobrevivir, todos, al cambio climático

Considerar el cambio climático como un fenómeno sin género es una falsa creencia ya rebatida por contundentes informes de las Naciones Unidas. Estos informes han demostrado con datos, estadísticas, encuestas y casos de estudio que las mujeres son más vulnerables que los hombres a los efectos negativos del cambio climático.

Por ejemplo, en el ciclón de Bangladés de 1991, el 90% de las víctimas fueron MUERTAS. ¿La razón?, bien simple: estaban dentro de sus casas. Un espacio cerrado de mayor vulnerabilidad en este tipo de desastres naturales.

Es un hecho que, a lo largo y ancho del planeta Tierra, ELLAS son las que combaten a diario los efectos del cambio climático. Yendo a por agua a un pozo cada vez más seco; buscando leña cada vez más lejos de casa; sembrando en tierras cada vez más desertificadas; acondicionando el hogar para que la familia pueda soportar unas temperaturas cada vez más extremas; etc.

La prevalencia de desigualdades de género en el acceso oportunidades y recursos determina, en gran parte, las distintas repercusiones de los peligros climáticos en las poblaciones.

Así, ser mujer se convierte en una fuente de vulnerabilidad y exposición a los peligros climáticos. Debido, entre otras cosas, a las restricciones que afrontan en cuanto al control de la tierra; el acceso a efectivo para obtener bienes o servicios; el menor acceso a los recursos de propiedad común y a los servicios públicos. Las mujeres controlan menos tierra que los hombres y la tierra que controlan, a menudo, es de peor calidad y su tenencia es insegura.

Lamentablemente, en muchos países de África, Asia y Latinoamérica, especialmente en las zonas rurales, recae exclusivamente sobre el GÉNERO FEMENINO la responsabilidad de trabajar las tierras agrícolas, de producir y procesar alimentos, así como, de garantizar el mantenimiento de los hogares.

La vida es algo frágil, es un milagro, y por eso hay que cuidarla. Con estas palabras, el siempre brillante, Pepe Mújica, nos recordaba en el documental “Frágil equilibrio” que la VIDA es un milagro de la naturaleza. Un fenómeno maravilloso, una rareza que permite perpetuar la especie pero que, a su vez, requiere de grandes esfuerzos en su cuidado y mantenimiento. El coste humano y la inversión de los progenitores son siempre elevados. Y en esto, las mujeres tienen experiencia acumulada por siglos. Saben lo que cuesta una vida y la cuidan más.

Empoderamiento femenino como herramienta colectiva

Son famosas por sus gestas, y todos las conocemos…o al menos deberíamos hacerlo. La científica Marie Curie (1867-1934); el icono de la aviación, Amelia Earhart (1898-1937); la activista y escritora Malala Yousafzai (1997); la inventora y actriz  Hedy Lamarr (1914-2000); la política, escritora y activista Clara Campoamor (1888-1972); la pintora Frida Kahlo (1907-1954); y un largo etcétera. Todas son mujeres empoderadas, conscientes de su poder individual y protagonistas de grandes avances para toda la sociedad.

Sin embargo, es en la colectividad donde encontramos la herramienta más poderosa y eficaz para alcanzar transformaciones globales. Objetivamente, si NOSOTRAS, el 49,5 % de la población mundial (7.700 millones), paramos, el mundo se detiene.

Allá por 2002, hartas de que les mataran a sus hijos, las mujeres liberianas se unieron en Monrovia para forzar al presidente Taylor y a los señores de la guerra a entenderse. La Segunda Guerra Civil Liberiana comenzó en 1999 y venía precedida por otra sangrienta guerra civil entre 1989 y 1996. En este punto, las mujeres se plantaron y dijeron ¡basta!

Women of Liberia Mass Action for Peace comenzó con decenas y acabó con miles de mujeres (cristianas protestantes y musulmanas) que se juntaban para rezar oraciones de ambos credos en un mercado de pescado, marchaban en multitudinarias manifestaciones pacíficas, promovían la huelga de sexo, se situaban silenciosamente frente a los edificios donde tenían lugar las reuniones políticas entre hombres.

Tras meses ejerciendo esta presión y cuando las negociaciones de paz parecían fracasar, las mujeres decidieron sentarse literalmente en el suelo de la entrada del hotel donde se desarrollaban las conversaciones, negándose a moverse hasta que los hombres allí reunidos acordaran una salida pacífica para el país. Un mes después de esta sentada, en agosto de 2003, se firmó el acuerdo definitivo de paz.

En este caso, la musulmana Asatu Bah-Kenneth y la cristiana Leymah Gbowee (Premio Nobel de la Paz 2011) solo fueron lideresas de un movimiento superior que movió a la acción a miles de mujeres que utilizaron, en una forma creativa, los limitados recursos que tenían a su alcance para hacer real un cambio sustancial en la vida de todo un país.

Un movimiento como éste, con miles de mujeres adheridas y que conquistó una gran fuerza política a nivel internacional, sirve de inspiración para abordar los grandes retos de nuestro tiempo.

Imaginemos…cuando mujeres y hombres se sientan a trabajar juntos con diferentes experiencias, se obtienen mejores resultados. Hacemos cosas de forma más abierta que cuando los hombres trabajan solos. Para impulsar juntos soluciones y alternativas, las mujeres deben incorporarse y desempeñar un papel determinante a la hora de fijar las agendas en materia de cambio climático y sostenibilidad.

 Esther Hernández, comunicación para la acción solidaria internacional .

Artículos recomendados