El prisma de la integración: descubre tu cara

¿De qué hablamos cuando nombramos el concepto de integración? Esta palabra, referida al que viene de fuera, lleva varias generaciones recorriendo países europeos como Francia, Alemania o Reino Unido, con éxito dispar. Su aterrizaje en España es más reciente y la valoración de su recorrido más complicado por falta de perspectiva. Es quizás su juventud lo que lo hace también una realidad lejana, en boca de muchos, pero en el día a día de solo unos pocos. Pero en realidad, se trata de un prisma en el que cada estamento de un país cuenta con una cara en propiedad.

La primera, y más difícil, pertenece a los propios migrantes, que se enfrentan a obstáculos como “las barreras lingüísticas, el racismo y la xenofobia, el acceso a la vivienda –donde se producen muchas situaciones de discriminación – y por supuesto el acceso al mercado laboral”, explica Estrella Galán, secretaria general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Esta organización nación en 1979 para velar por el respeto de los derechos humanos, especialmente en lo que se refiere a las personas refugiadas. Y entre otras muchas labores, realiza un crucial trabajo de acompañamiento, necesario incluso en países como España que ofrecen un marco “relativamente garantista”, al menos en lo que se refiere a servicios sociales, salud y educación.

La sociedad civil es otro de los agentes clave para el objetivo de la integración. Según la experiencia de Galán, “la percepción del fenómeno migratorio por parte de la ciudadanía ha sido tradicionalmente muy buena en España”. Las entidades sociales cuentan en este sentido con un doble papel. Primero, aquel que traslada a la sociedad los aspectos positivos que emanan de la diversidad. Y además, el de canalizadoras de las muestras de solidaridad provenientes tanto de personas como de empresas. Es justo recordar que, en muchos casos, de ambas tareas se ocupa un ejército de voluntarios.

En el propio país de acogida, entendido como entidad, también recae una gran responsabilidad. En España, por ejemplo, la enorme carga burocrática se convierte en una dura dificultad para cualquier migrante que acaba de llegar.  “En lo que respecta a las personas solicitantes de asilo, desde CEAR hemos observado un preocupante aumento del número de personas que se encuentran esperando una respuesta por parte de las autoridades con respecto al trámite de su solicitud, lo que alarga injustificadamente la incertidumbre a la que se enfrentan”. Las administraciones han de mostrarse activas en su labor de inclusión, pero como de costumbre, las dotaciones presupuestarias resultan insuficientes.

¿Lo estamos haciendo bien? “Cada vez se hace más necesario evaluar a largo plazo las políticas de inclusión de cada país para poder sacar conclusiones. Además de los indicadores de inclusión tradicionales como pueden ser el empleo, el aprendizaje del idioma o el acceso a la vivienda, de un tiempo a esta parte se tienen más en cuenta otros aspectos relacionados con el ocio y el tiempo libre o la participación en todos los aspectos de la vida civil y derechos políticos, especialmente algunos como el ejercicio del derecho de voto”. Organizaciones como CEAR diseñan itinerarios que desembocan en la autonomía del migrante a medio plazo, al que se le ofrece acompañamiento, asesoría, habilidades y herramientas necesarias. Pero “lamentablemente, el acceso al empleo en España ha supuesto tradicionalmente una gran barrera y es una de las asignaturas pendientes en nuestro país”, insiste.

El influjo de la opinión publicada en el fortalecimiento o debilitamiento de estas barreras es innegable. Y su punto de vista, cambiante. “En los últimos años hemos observado como la cobertura mediática sobre las personas refugiadas ha sido muy variable en los medios de comunicación y esto también tiene consecuencias en la forma de reaccionar de la sociedad”, valora Galán. Para la responsable, el tratamiento informativo de este fenómeno ha evolucionado de forma desfavorable desde 2015, incluyendo un “auge de discursos antinmigración en la mayor parte de los países europeos”. Por ello, destaca, “es muy importante que desde la sociedad civil construyamos un discurso alternativo y positivo sobre la migración que favorezca la construcción de una sociedad diversa y cohesionada”. 

Un campamento de refugiados en medio de la ciudad

Hay muchas entidades que ponen su grano de arena para ofrecer esta visión más realista e integradora del fenómeno migratorio, y Acampa es una de ellas,  que año tras año provoca las mismas preguntas de las calles de A Coruña: “¿Qué es eso? ¿Qué hacen esas tiendas de campaña en medio de la ciudad?”, musitan turistas y habitantes de la localidad cuando se topan con un buen número de tiendas de campaña plantadas en los Jardines de Méndez Núñez, entre el puerto y la playa de Riazor. Estas tiendas forman parte de un pequeño pero completo campo de refugiados que ya lleva tres ediciones levantándose a finales del mes de junio para agitar las conciencias de las personas que lo visiten

Acampa es una red ciudadana que se vale de colectivos sociales, culturales, educativos, vecinales, políticos, sindicales y también de personas, empresas e instituciones solidarias para dejar sin sentido la siguiente afirmación: “somos muchas personas las que queremos actuar, pero no sabemos cómo”.

Una de sus leyes es profundizar en las causas de los acontecimientos para contrastar la información, y más tarde difundirla. Aunque su trabajo se reparte a lo largo del año, es a finales de junio cuando sus voluntarios consiguen la máxima visibilidad con la instalación de un pequeño campo de refugiados en el centro de A Coruña. En 2019 celebran la tercera edición de este proyecto, dedicada a las migrantes mujeres, con un “campo que se inspira en los de Bangladesh en los que miles de rohingyás esperan en su destierro”, describe la entidad. A lo largo de 3 días, todo aquel que quiera ver cómo se sobrevive en él puede hacerlo a escala real y con un relato de lo que ahí sucede: “Se realizarán 2 o más visitas guiadas en las que responsables de Amnistía Internacional explican detalladamente cada dependencia, cómo cocinan, cómo aprenden los niños, cómo duermen, se asean…”.

En 2018, las personas que huyen de sus regiones por razones climáticas fueron las protagonistas. El resultado “se asemejaba más a los campos que existen a lo largo de África para atender a los migrantes que cruzan esos países en su ruta hacia Europa”. Por su parte, en la edición de 2017, que fue la primera, los refugiados por conflictos recibieron el foco principal con un conjunto que “reproducía un campo de los que aún existen, por desgracia, en las islas griegas”.

Pero el programa que diseña Acampa es intenso y va más allá de esta acción en los alrededores de Riazor. Las actividades que lo acompañan van desde exposiciones, talleres, como el que este año atiende SOS Racismo y encuentros con inmigrantes hasta visionados de películas o incluso programas de radio en directo como “Carne cruda”, con Javier Crudo. También hay tiempo para conciertos solidarios. El objetivo común de todos los actos es ayudar a comprender las necesidades de las personas que emigran, conocer las realidades de sus países de origen y, en general, comprender que la integración enriquece y que la normalización y la solidaridad son las mejores vías para alcanzarla.

Víctor Regidor, licenciado en Periodismo y Comunicación Social.

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