“Es el esfuerzo mutuo el que convierte a los extranjeros en vecinos”

Las Naciones Unidas cifraban en alrededor de 260 millones los migrantes que había en 2018 en todo el mundo, un 48% más que en el año 2000. “El debate público sobre los problemas asociados a la migración ha oscurecido la inmensa contribución de los migrantes a la sociedad. Pero la migración es una realidad imparable ante la cual, la ONU recomienda un nuevo enfoque para maximizar las oportunidades que ofrece, en lugar de imponer restricciones poco realistas”.

Este nuevo enfoque se puso de manifiesto en el Pacto Mundial para la Migración Segura firmado por 164 países a finales del año pasado en Marrakech (Marruecos). Entre otros puntos, el acuerdo recomienda buscar una foto más real y certera de la inmigración y sus protagonistas para diseñar políticas eficientes, promover una mayor colaboración entre naciones, asegurar el acceso de los migrantes a servicios básicos y legislar en pos de la integración y la cohesión social. Aunque no se trata de un tratado internacional, sí que se le presupone como texto políticamente vinculante.

El pacto se relaciona muy directamente con uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, el 10, “Reducción de las desigualdades”, que busca trasladar la tendencia entre países, las desigualdades aquí disminuyen, a lo que ocurre dentro de los propios países, que es todo lo contrario. Además, el ODS 10 marca la manera de conseguirlo: de manera inclusiva y respetando las tres dimensiones del desarrollo sostenible, económica, social y ambiental.

Pero en el futuro de las realidades migratorias también juegan un papel esencial otros de los ODS planteados por la ONU. El 16, “Paz, justicia e instituciones sólidas”, apunta a la necesidad de crear sociedades pacíficas e inclusivas con estados fuertes que protejan a sus ciudadanos. El 8, “Trabajo decente y crecimiento económico” llama a revisar políticas económicas y sociales destinadas a poner fin a la pobreza. El 2 y el 4 abogan, respectivamente, por el hambre cero y por proveer de una educación de calidad para “mejorar la vida y alcanzar el desarrollo sostenible”. En la base de todos ellos se encuentra el 1: “Fin de la pobreza” a través de un “crecimiento económico inclusivo, sostenible e igualitario” que permita avanzar “a los 836 millones de personas que viven en la pobreza extrema”.

Una de las ideas más insistentes y novedosas que dominan estos ODS, que suceden en el tiempo a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es su reparto de responsabilidad entre individuos, empresas y gobiernos. La ONU exige implicación a todos los estamentos de la sociedad.

150 millones de africanos buscarán en Europa un futuro mejor

Cambio climático, conflictos, aspectos económicos y violencia contra colectivos vulnerables, son solo algunos de los motivos que provocarán que, en 3 décadas, haya unos “150 millones de africanos en Europa”. La cifra es del estadounidense Stephen Smith. Se trata de un antropólogo que también ha sido corresponsal en África occidental y central de France Press y Reuters, ha puesto su conocimiento a disposición de la ONU como analista y
da clases en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte, también EE. UU.

Hace un par de meses, el autor de La huída hacia Europa respondió a las preguntas de Irene Hernández Velasco (@IreneHVelasco) para el diario El Mundo, y dejó algunas ideas dignas de reflexión por parte de cualquier habitante de este pequeño continente nuestro.

Para calcular este dato, el experto ha partido de precedentes históricos y equiparar situaciones pasadas. Uno de los muchos fenómenos que ha estudiado a fondo es la tendencia inmigrante de México a Estados Unidos entre 1975 y 2014. “12 millones de mexicanos entraron, junto con sus hijos, en Estados Unidos, creciendo hasta convertirse en una comunidad mexicano-americana de 30 millones, es decir, algo menos del 10% de la población de EEUU”. Para Smith, si África alcanzara el nivel de desarrollo que experimentaba México en 1975, las cuentas están claras.

El nivel de riqueza es importante, más según sus análisis que prueban que los inmigrantes africanos que llegan a Europa no se corresponde con la población más pobre del continente, sino los pertenecientes a la “emergente clase media”. Individuos que pueden permitirse los, como mínimo, 2.500 euros que cuesta el viaje. Aunque también cuenta con aquellos que huyen de estados fallidos, como Somalia o Sudán del Sur, espera que partan más personas en busca de un futuro mejor desde países con perspectivas más optimistas como Kenia, Senegal, Ghana o Sudáfrica entre otros.

¿Y qué buscan aquí? No solo la prosperidad de Europa sino también sus altos niveles de protección social y los estándares de educación a los que podrán acceder sus hijos. Ante esto, 2 reflexiones finales.

El antropólogo advierte de que la riqueza del Viejo Continente no es lo más valioso, lo que se demuestra por el malestar de las segundas generaciones. “Es el esfuerzo mutuo el que convierte a los extranjeros en vecinos y, eventualmente, en compañeros. Los ciudadanos requieren más que dinero. Es como el desarrollo: no es suficiente dar dinero a países en vías de desarrollo para que lo consigan”.

En este esfuerzo recae, en parte, la segunda afirmación. “No creo que los jóvenes africanos puedan, ni deban, ser combustible de jubilación”. Porque, razona, “son personas reales en busca de una prosperidad no sólo material” y porque “esos jóvenes africanos no pueden corregir el envejecimiento de los sistemas de seguridad social de Europa ya que el índice de dependencia -la proporción entre contribuyentes y beneficiarios- no mejorará a causa de su presencia”, completa.

Víctor Regidor, licenciado en Periodismo y Comunicación Social.

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