Audiovisual #SOStenible: rodajes contra los residuos plásticos

“Mira, esa bolsa que alguien ha tirado al suelo algún día llegará al mar y allí se lo comerá una tortuga. Luego la tortuga se morirá de hambre porque tendrá el estómago lleno de plásticos y no podrá comer”. Luna acaba de cumplir 4 años y durante los 3 últimos meses ha dado, en el colegio, un proyecto sobre mares y océanos. Está muy concienciada, como todos sus pequeños compañeros, de que tenemos que cambiar nuestros hábitos de consumo y de gestión de residuos para que, entre otras cosas “no crezca esa isla de basura que hay en el mar”.

Se refiere a la isla de residuos plásticos que flota en el océano Pacífico y que alcanza ya, según los últimos estudios, una superficie de 1,6 millones de km2. Es decir, es 3 veces más grande que España. Los expertos que hacen seguimiento de este problema calculan que contiene alrededor de 80.000 toneladas de plásticos y también constatan que esta concentración no deja de crecer, en parte porque hoy se produce 300 veces más plástico que en el año 1950, y en parte porque a pesar de los esfuerzos de organizaciones, administraciones y un buen porcentaje de ciudadanos, solo se recicla el 36% de los usados en Europa y el 12% en Estados Unidos.

La isla artificial del Pacífico y el estado de muchas áreas-vertederos en países poco desarrollados se puede tomar como la punta del iceberg. Su parte sumergida representaría otro problema no menos preocupante, el de los microplásticos. Según el estudio “Invisibles. El plástico dentro de nosotros”, cada día una mujer ingiere 10 partículas de microplásticos y un hombre, 14. Y lo hacemos en acciones tan cotidianas y aparentemente inocuas como comer pescado, beber agua o incluso consumir sal marina. ¿De dónde provienen estas partículas? Se desprenden de los tejidos sintéticos o de productos cosméticos o aparecen al degradarse los elementos que, por ejemplo, forman parte de esta enorme mancha de residuos que flota libremente en el océano. La fauna marina la absorbe y de ahí al plato, la conexión es obvia. Lo malo es que, aunque nombramos solo 3 ejemplos, hay más. Lo bueno es que todos podemos actuar para mejorar esta realidad desde nuestro día a día personal y profesional.

El primer paso es ser conscientes y la industria audiovisual ya lo ha dado. Alfredo Altamirano, director de fotografía mexicano y miembro de la AMC (Sociedad Mexicana de Autores de Fotografía Cinematográfica) también ha recorrido el segundo y el tercero, actuar y divulgar. Esto último lo ha hecho en artículo sobre filmaciones verdes que ha publicado en Cinefotógrafo. Sus cálculos lo dicen todo: en una jornada de rodaje, él genera 16 residuos plásticos y un equipo medio, 640. Pensó en el número de producciones que se llevan a cabo en México, y solo hay que multiplicar la última cifra por 100. Y reflexiona: “Lo más alarmante es que esto es lo que la industria cinematográfica mexicana genera en un solo día de filmación, solo para el consumo de catering, sin contar el impacto que tiene el uso de plantas de luz, consumibles, material de construcción, etc. Os dejo hacer el cálculo que esto representa al año”.

Wi Rebel y la conciencia medioambiental aplicada

En Wi Rebel somos especialistas en esta mirada comprometida. Ayudamos a marcas responsables a crear planes de marketing e innovadoras obras audiovisuales para compartir mensajes positivos, y nos involucramos con causas medioambientales, sociales y económicas con impacto, que buscan mejorar nuestro alrededor. Y todo lo que hacemos, también para quién lo hacemos, lo examinamos bajo el filtro de la sostenibilidad.

El audiovisual es un aspecto potente de nuestra oferta y el punto de partida es claro: Se trata de actuar con conciencia medioambiental y compartirla con todo el equipo para que se empapen con ella y la pongan en práctica en todo momento. Porque la premisa es clara. En materia medioambiental, en la industria audiovisual se puede rectificar y mejorar fácilmente. Hay que ponerse a ello y conseguir que en todas las producciones se vigilen cosas tan sencillas como no usar papel (¿de verdad hace falta imprimir tantas copias del guion?), botellas reutilizables, maximizar transportes, firmar contratos digitales, diseñar un plan de rodaje que premie los exteriores con luz natural, usar led si las luces son estrictamente necesarias… Medidas que nacen de un sentido común respetuoso con la naturaleza.

Las empresas para las que trabajamos también entienden el Green Filming como un camino hacia el impacto positivo, pero todavía queda algún paso que dar. Hay muchas marcas responsables que todavía no saben de su existencia. No tienen por qué conocer el impacto negativo que puede suponer realizar una obra audiovisual, pero se lo contamos y se interesan por ello. Es una cuestión de poco tiempo que todo se haga verde. Hace falta más conocimiento. Para la mayoría de las compañías, escoger a un colaborador sostenible como nosotros les supone un valor añadido en su estrategia de contenidos ya que, sin perder el estándar de calidad y creatividad, con Wi Rebel se aseguran reducir el impacto medioambiental en sus producciones. Poco a poco vamos consiguiendo algo tan importante como crear conciencia. Es una cuestión de actitud, comunicación y conciencia. Y funciona.

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